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jueves, 15 de octubre de 2009

Epílogo



De nada sirve ya llorar si no contestas
al urente grito de mi ansia.
Poesía, te repudio.
Tú sabes cómo te he buscado
hiriendo el subsuelo de mi alma.
Ahora callaré, pues que te muestras
anodina y errática.

Qué doloroso placer era buscarte.
Qué gozosa espina clavándose en el centro de la carne
hasta arrancar la sangre,
hasta verter la esencia misma de sentirte viva.

Algo se ha muerto entre nosotros.
Me voy, ya no hay camino.
Cerrado está el cuaderno
y quedarán sus páginas en blanco.

domingo, 18 de enero de 2009

...y el tren partía.



Un abismo final que se interpone
cuando busco en la mirada tuya
esa tristeza azul de la sonrisa
que nace acobardada.

El calor del tacto conocido;
una mano que queda abandonada
al último contacto; que se desliza
y se enfría entre la escarcha
de una piel pálida y tersa.

Un hola y un adiós que se saludan
y huyen hurtando las palabras
perdidos en la sombra
de un día sin mañana.

Una lágrima quebrada
a punto de brotar y que se esconde
detrás del último suspiro
de una noche que no espera una alborada.

Se cierra una ventana;
huye un tren borrado entre cellisca.
Ese tren que siempre escapa;
que parece amainar mas nunca para.

Un pitido brutal que rompe el viento.
Un potro desbocado corriendo por el pecho
del que espera en el andén de luces apagadas.

No había llegado la luz
y el tren partía.
No había empezado a ser
y ya no era.

Un crujido de hielo en las entrañas.
Una ciudad hierática y vacía;
una sombra que se alarga hacia la nada
cuando en reloj se rompe en campanadas.

Eran las ocho y diez y el tren partía.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Si luego viene un dios y me lo pide.

“Yo pasaré y apenas habré sido,
-frágil destino de mi pobre arcilla-“.
Ángela Figuera.

Si luego viene un dios y me lo pide.

Si luego viene un dios y me lo pide
le ofreceré la historia de mi vida,
porque si a él le sirve, estoy de acuerdo;
a mí no me sirve ya de nada.

Que busque, que rebusque; aquí le queda.
Que escoja lo que quiera, todo es aire;
sólo sueños...humo...paja,
y algún pequeño resto de quimera.

Llorar para llorar porque lloraba;
llorar a un porvenir porque llegaba;
llorar a la ilusión porque se iba;
llorar por aquel tiempo perdido;
aquel tiempo de rosas y de vino,
hueco de amor, de mí...de albas...

Las flores que corté se marchitaron
como un fugaz suspiro,
como una llamarada,
y apenas su perfume me mantiene
esta pequeña voz para cantarlas.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Seguir naciendo.

Si a veces el viento viene y te sorprende
con la mirada perdida a flor de ojo,
dispersa en un diluvio de estrellas vacilantes
sin un cielo concreto que las fije;
si te advierten que el tiempo está pasando vanamente
y que tarde o sin remedio
hay que apurar el cáliz, finalmente,

si sólo nos queda un ademán tornado en máscara;
si se rompe la cáscara y sólo hay polvo
endurecido por la escarcha;
si es rutinaria la marcha
que hay que seguir a trompicones;
si todos los rincones los pueblan telarañas,
no permitas que te asusten o te engañen.

Aunque te sientas pareja de hecho
estable con la muerte,
el río de lo que pesa y pasa,
con reflejos de sombra y luz intermitentes,
está fluyendo subterráneo.
Sigue el hontanar manando fuentes
y esa lava inclemente aún sigue hirviendo
y forma el poso esencial,
la furia urgente
a no querer marchar, a ser consciente
del ansia germinal que engendra,
cada día,
el premio o la condena de ser hombre.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Sangue di papavero.

"Amata mia, amata:
Orto circondato, fonte suggellata”
(Cantar de los cantares)

Il tempo passava veloce
attraverso il corridoio del vento.

Tra i campi di spighe
le falci sounavano cruente
decapitando papaveri.

Dal limite del colle
arrivavano i colpi nitidi
delle incudini della fucina
che sbattevano contro i martelli.

Tra la gonna e la sottoveste
s´ indivinavano la tue cosce
di vechio bronzo scurito
che le mie mano tornivano
come un capitello corinzio.

E la luce di un albero di limoni,
come una lampada ad olio,
mostrò il biancore del tuo ventre
profumato de rosmarino.

Mi dicesti che era il primo;
io con una sete ardente
bevvi i tuoi petti rotondi
ubriaco dal desiderio.

E nel biancore de la tua sottoveste
rimase per sempre impressa
quella rosa esplosa,
quel sangue offerto,
vicini al sibilo della fonte.

Sangre de amapola.

"Amada mía, amada;
huerto cercado, fuente sellada”
(Cantar de los cantares)."

El tiempo se iba súbito
por el corredor del viento.

Entre los campos de espigas
las hoces sonaban cruentas
decapitando amapolas.

Desde el límite del cerro
llegaban los golpes nítidos
de los yunques de la fragua
chocando con los martillos.

Entre la falda y la enagua
se adivinaban tus muslos
de viejo bronce curado,
que mis manos torneaban
cual capitel de Corinto.

Y la luz de un limonero,
como lámpara de aceite,
mostró el blancor de tu vientre
perfumado de romero.

Dijiste que era el primero;
yo, con la sed más ardiente,
bebí tus pechos redondos
borracho ya de deseo.

Y en el blancor de tu enagua
quedó por siempre grabada
aquella rosa explotada,
aquella sangre ofrendada
junto al rumor de la fuente.

Octavio Fernández Zotes.

Tradución al italiano: Silvia Favaretto.

martes, 23 de septiembre de 2008

Suspenso.

Cuando un verso perverso me sigue y me acorrala
en la estrecha jaula en que se aloja
mi pobre visión de lo poético;
mi triste inspiración alicaída:
¿Cómo pasar la hoja; cómo parar el péndulo?
¿Cómo volverme crédulo?
Cómo salir del laberinto
que, con furor urgente, me impele
a que siga, o lo deje, a cualquier precio.

Es la voz de lo indeciso que no sabe, finalmente,
si ser poeta, ser verso, o ser poema.

Hoy me llamas;tu voz me corre por las venas
y me quema
ese dulce dolor de ser quimera.
Aunque, llamaste a mi puerta ¡tantas veces!
vana ilusión de la emoción sincera,
de la palabra nueva,
que me das miedo, esquiva lisonjera,
poesía furtiva que llegas y me quemas
y luego me abandonas,
estéril del fruto y de mi mismo,
secos los labios y la esperanza ciega.

¡Tanto tiempo de atronador silencio!
Y ahora apenas me susurras,
me musitas al oído lo que decir quisiera!
Hoy tengo miedo;
miedo a que otra vez se quede
la palabra suspensa y le emoción en celo.

¡Efímera visión de lo invisible!
¡Demasiado sudor para un placer
tan ínfimo, tan poco duradero!

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ayer.

Ayer, sin más motivos
que una ocasión perdida nuevamente,
volvieron a mis ojos los reflejos
de escenas ya vividas.
Mis ojos, opacos espejos que miran y no sienten;
mi cuerpo, vaciado de ser
pero que sigue siendo,recogió los despojos
y caminó de nuevo
por un campo de abrojos, ya sabido.
No tiene contenido lo que hago,pero, autómata,
camino entre las zarzas, sin brújula y sin tino.
No penetran mi frente las imágenes,
rebotan absurdas por la senda que no lleva
a esa lucidez que tanto añora
este decrépito ser que sigue vivo.
Es un tesoro huero,es un arcano.
Sólo espero tu mano que me guíe,
con la blanda dulzura del buen samaritano.

***
Ayer, que estaba triste,
le preguntaba al viento:
¿De qué galaxia surgen las melodías de Händel?
¿Adónde van las notas que alumbrara Mozart?
¡Los calidos y planos colores de Matisse!
¿Porqué remonta el vuelo
a cielos infinitos el pincel de Chagall?
¡Mujeres melancólicas mirando a Modigliani
mientras apura absenta hacia un final fatal!
El mundo es un misterio de música y colores
que las palabras, sólo, no saben expresar.
Laberintos de sueños que, en escorzos difíciles,
esbozos y colores, me arañan en el alma.
Pero perdí el camino y lo que tanto amaba
es sólo niebla y humo.
¡Oh tú, señal que me acompañas,
devuélveme tu mano, regrésame a la calma!
Y el viento continuaba con sus repuestas vagas,
en las ásperas melodías,
que hacía al ulular. Ayer.
Ayer.

sábado, 31 de mayo de 2008

Sonidos de nieve.

Anónimo viajante que escucharas
sonidos leves de invierno en esta tarde:
no te pares.
Es el rumor de la nieve cuando cae
sobre este enclave cruzado de caminos:
dos chopos, cuatro pinos y unas flores
rebeldes ante frío y el invierno.
Dentro del alma se consumen
las últimas palabras, las imágenes
brillantes como brasas,
retóricas metáforas que ardieron
y sólo dejaron un silente polvo gris
de tedio y calma.
Así, el espíritu se llena
de nebulosa pátina, de esperanzas desteñidas,
que ahora sólo esperan
el término final de este viaje espiral
¡espirales de humo en las pisadas!
donde se encuentran y se funden:
las flores del invierno,
los chopos deshojados,
los pinos temblorosos
y las ánimas que vagan
incómodas, en busca de destino.

Hay un rumor de nieve en cada pausa.

jueves, 3 de abril de 2008

Las mañanas.

Han llegado las horas cansinas del otoño
y el viento mortecino de la siesta,
en el poniente,
me lleva en aras de otros aires, de otras fuentes…
Adolezco de una paz que se me escapa.

Si hallara un corredor sonoro
para la brisa de la tarde
o el perfume tenaz de las manzanas…;
si aún hubiera tiempo para seguir buscando
el casto rubor de les mañanas…

No pido demasiado;
sólo le pido a los amaneceres
que, al encenderse la luz en la ventana,
pueda encontrar, entre las otras luces,
esa luz tuya, límpida y diáfana,
que sin relámpagos fulgentes;
casi de modo imperceptible
y sin que tú lo sospeches,
me alumbra y me acompaña.

Sentirme en comunión con tus miradas.
Que no me agobien las tardes del estío;
que no me adormezca en el mecerse de las olas;
ni en el sueño irreal de barcarolas,
ni en los amores de los cuentos de hadas.
Que siempre me despierten las gotas del rocío
y el encontrarme contigo levemente
en el perfil del alba
asidos de la mano y de la calma
para seguir el rumbo y el camino
de las jornadas comunes que nos faltan.

Consolidar el tiempo con el lazo fuerte
de un abrazo entre las dos miradas
con el contacto suave de los dedos trémulos,
en una proyección que nos conjugue
hacia un mañana total y sin distancias.

martes, 25 de marzo de 2008

El silencio del barro.

Hoy voy a hacer un día entre paréntesis,
porque, de vez en tanto,
hace falta explorar en el légamo
humilde de los hechos.
Descender de lo alto
hasta tocar el barro;
ese barro que duele porque es carne.
Y pisar el barro…
Y caminar en la distancia corta;
y consumir a solas
el tiempo discontinuo de las horas
que van rompiendo el ritmo.
Ir perdiendo las notas discordantes;
rumiar el barro y los instantes
en que la carne y el barro se hacen cruces.
Hasta caer de bruces sobre el barro,
hasta apurar el cáliz,
hasta medir lo largo la tierra
que luego ha de ser tumba.
E intentar levantarse…, o no,
que ya no importa,
que pasaron las horas indecisas
y ya es tarde. Que no, que ya no importa;
que se selló la fuente, y el hontanar
no vierte el raudal de agua milagrosa
suficiente para sanar a la vida,
ni al barro, ni a la carne… ni a la muerte

domingo, 3 de febrero de 2008

Tú no estás aquí.

De tanto buscar entre las brañas escarpadas,
entre las hierbas heladas y las sombras;
leyendo entre líneas las historias
que dejaron los hombres en las páginas
borrosas de algún libro;
buscando, digo,
la quinta esencia de ser de esta manera,
me ha pillado el invierno a descubierto,
viendo volar las águilas ¡tan altas!

Busco palabras encendidas que estallen
cantarinas, saltarinas, envolventes,
que vengan directamente de la fuente,
del hontanar común de los poetas.
Palabras sonoras que regala
el fondo caudaloso de la lengua.
A veces, sin buscarlo,
encuentro el terciopelo de la rima.

Busco, en el ancestral legado de los verbos,
comunes sentimientos que deglutir
y repartir al mismo tiempo.
Y sólo encuentro
fingidos versos hiperbólicos que dejan
sensación de hambre y hastío.

Y sin embargo, cuando llanamente
me desnudo y digo:
“Tú no estas aquí, y se está oyendo demasiado
el silencioso volar de las alas de la ausencia”,
aunque no rime, aunque no salten
las cadencias sensuales del ritmo y de la rima,
a mí… me duele, sí, pero me deja
pleno el verso de doloroso gozo y de sentido

sábado, 17 de noviembre de 2007

Por una vez.

Si por una única vez yo te dijera
que sólo sigo vivo en tu mirada,
no lo tomes por frase elaborada;
tómalo por reflexión sincera.

Si, a fuer de ser sincero, confesara
que eres la única vida que me queda,
no lo achaques a frase lisonjera;
es pura intuición. (¡Muy meditada!)

Si por quererte más aún sigo vivo
y sigo vivo porque tu me quieras,
eso da más valor al aire que respiro.

Si yo ya doy la vida por vivida
y lo que venga detrás será un suspiro:
¡Bienvenido ese suspiro de propina!

Eran tiempos.

No eran tiempos de tardes melancólicas
ni pensábamos en crímenes lejanos
de los que se hablaba con miedo y en voz baja
y sólo por guardar las apariencias.

Eran tiempos de hollar los humedales
inéditos, huyendo
de un dios al que ignorábamos,
pero que aprisionó nuestras conciencias,
llenándonos las manos de su excreta.

Eran tiempos de tiempo intercalado
entre misterios e inconsciencias,
borrados del mapa de los días, sin límites ni cercas,
confundiendo las luces y los brillos
con la tenue luz de las luciérnagas.

Cuando el viento traía los puñales de indómitos instintos
que inundaban el pecho de clamores,
venían con ellos los olores más rancios de la especie,
envueltos en los aromas más silvestres.

Un despertar a un alba tan confusa
que oscureció nuestra alma con sus nieblas.

Eran días urgentes de deseo,
sin saber en concreto el objeto del deseo.
Era un piafar de potro en la sabana;
era un reir sin gracias y sin risas;
era un llorar sin lágrimas...ni ganas.

viernes, 26 de octubre de 2007

Frío.

Trato de alcanzar las últimas palomas
que huyeron de tu halda.
Busco el lecho de azucenas de tu pecho.
Se ha hecho de noche y el gavilán acecha
tras el recio portón de las troneras.
Sigo buscando el ideal que nunca llega.
Sigo el rastro del parterre de rosas y de risas
al lado de aquel río que no cesa.
Aquel río de las tardes alejadas,
cuando, apoyada la cabeza dolorida en tu regazo,
yo era un niño abandonado
balbuciente de versos y de besos prematuros.
Sigo buscando la seda de tus dedos
siguiendo la huella del surco de mi nuca.
Sigue vivendo en mí el niño abandonado
que huyó de casa en busca de otra casa
sigiéndole los pasos a un lucero.
Regreso al nacimiento vacilante en que se funden
aquel río y aquel niño, que luego se hizo hombre
sin que nadie lo avisara.

Y ahora, sólo quiero:
la seda de tus dedos,
el lecho de tu pecho,
el calor de tu halda,
porque se acerca Enero y tengo miedo;
porque se hace de noche...y tengo frío.
(Están heladas las aguas de aquel río,
aunque a veces la ternura se me escape
a través del carámbano y la escarcha).

viernes, 17 de agosto de 2007

Argentina.

Argentina.

No romperé la noche ni la hoguera
si la espera me lleva aleteando,
atravesando el cielo,
volando en alas de algún tango.
No me importa volver atrás en mi camino
y volver a recorrer la pampa.
Mis sueños fueron sueños de vecino
cercano. Recorrí todo el llano, herido
de amistades hermanadas.
Me quemaron las llamas de la hoguera
del religioso sacrificio del asado.
Devoré con mis manos
cada gota de espíritu argentino.
Deambulé por las vidas privadas,
por las lágrimas, por los anhelos,
por las lábiles esperanzas
de un mañana más lúcido,
más seguro, más prístino.

Y al volver noto que me sobran,
o me faltan, pedazos de mi alma
que perdí o encontré
a lo largo de aquel dulce viaje.

jueves, 19 de abril de 2007

Viaje a tu memoria

10 de abril de 2007
Cuando haya pasado el tiempo de las rosas
y cierren tras de mí las puertas herméticas del Hades,
yo tomaré la ruta hacia Occidente
en un viaje sin retorno a las Hespérides,
o a un Avalón desierto y sin manzanas.

Cuando cierren las puertas y ventanas
del último aposento; cuando el viento
se haya llevado el polvo ingrávido
de mis últimas palabras;
cuando ya no quede nada,
sólo quedará un leve recuerdo
del que te nombro como única guardiana.

Aunque yo me haya ido, perdido en esa barca
que pilota Caronte
y no haya un horizonte por delante,
seguiré habitando en el seno
íntimo del jardín de tus recuerdos.

No quiero ni más gloria ni más nada.
Y si has de ser el fiel guardián, yo te convoco
a que evoques mis sueños no alcanzados.
No los mezcles con llantos ni plegarias;
te entrego el Grial donde mi sangre mora.
Envuélvelo en sonrisas y caricias
sobre el lecho de algodón de tu memoria.

De la Antología: "Poetas de transición". Editorial Hontanar.(2006)

miércoles, 18 de abril de 2007

Irrepetible tarde triste

21 de noviembre de 2006
¡Cuántas veces he pensado en lo imposible!
Si hubiese venido a verme, y la distancia
no hubiese cerrado entre los dos
las sombras del silencio,
hubiera podido ver en mi cara
y en mis ojos
las frases que quedaron sin palabras.
Ahora ya sabe que no puedo moverme,
que me he anclado en el tiempo y el silencio,
maniatado entre un légamo infecundo
al que un rudo lastre me ata y me anquilosa.
Ahora que han pasado las horas de las rosas,
es posible que ya sea demasiado tarde,
pero aún así, quiero decir que lo comprendo.

No voy a revivir lo ya pasado
ni a reescribir lo que quedó enterrado
en la larga agonía de versos marchitados, macilentos;
una larga letanía de versos enclaustrados
entre las noches dilatadas del insomnio.

Aunque hubiera una nueva vida para el hombre
que destruyó su vida inútilmente,
otra vida no sería suficiente
para enmendar los yerros cometidos.

Es, sí, ya demasiado tarde
y no queda lugar a un nuevo sueño,
para llamarla y convocarla hacia una noche
plena otra vez de luna llena,
para atisbar amaneseres nuevos;
para olvidar la muerte en la ribera
del río desbordado que sigue y que no cesa.

Lazaro


Lázaro oyó sonar sobre su tumba
la voz majestuosa
del más dulce amigo de la infancia.
Ha días que dormía mansamente
en el seno caliente de la tierra.

Era un sueño apático y sin sueños.
Era un estar estando, simplemente.
Era una soledad cristalizada.
Era un nadar a braza por la nada.
Era un vacío hundido en el vacío.

Su amigo le conminó con voz urgente:
¡álzate, Lázaro, álzate y anda!

Pero Lázaro, ¡ay!, estremecido,
miró en torno a él y, convencido
de que nada sorprendente le esperaba,
se dio la vuelta y continuó dormido.