Al límite de lo que queda
Luego ya no estaré
o tú ya te habrás ido,
pero alguien debe quedar para encargarse
de engarzar los momentos indelebles.
No se puede perder entre tinieblas
todo lo que se ha dicho,
todo lo hecho,
lo que se ha soñado y quedó en sueños;
los angélicos dones.
Apócope del frío, el hielo entre las grietas
va desmigando la corteza de las rocas;
pero el calor del recuerdo es suficiente
para matar al hielo
y devolverle esplendores a la hierba.
No, no esperar a que mayo nos devuelva
el espejismo de los brotes nuevos;
hay que parar, desde la luz que aún queda,
el herético embestir de la tristeza.
Apoyo en tus senos la cabeza
y sigo sintiendo el tibio asilo
del rescoldo vivo de las noches tórridas.





