miércoles, 31 de marzo de 2010

Presentación de "Anónimo viajero".




En el momento de dar a conocer un nuevo libro, parece imprescindible que el autor dé alguna razón del porqué de ese nuevo libro. Y no es nada fácil encontrarle explicaciones.

Decía Ortega y Gasset que el mayor acto de filantropía que se puede acometer, es “no publicar textos superfluos”. En este caso, además, con el añadido de lo último que le he oído decir a un crítico: “no hay mayor riesgo para la literatura que dejarle a un jubilado con pujos de “escribidor”, un lápiz y un cuaderno”.

O sea, yo creo que me lo debería hacer mirar.

Cuando uno se ha pasado la vida buscando la utilidad, ser útil; aplicar lo que se considera útil a la vida práctica, llega un momento en que, de repente, piensa que no estaría demás tratar de encontrarle utilidad a lo inútil. A algo tan inútil como parece ser que es la poesía. Y es que últimamente ha hecho fortuna lo de definir la poesía como algo inútil y, en el mejor de los casos, como una inutilidad necesaria.

Este anónimo viajero, que debe ser un tanto raro, piensa por el contrario que, como ser humano, la poesía le es muy útil; le sirve al menos: moralmente, para vivir, culturalmente para ensanchar y afianzar su saber, y estéticamente, para gozar. Y cuando hablo de vivir no me refiero al mero hecho de dejarse arrastrar pasivamente por las hojas del calendario. Si sólo “somos el tiempo que nos queda”, como sabiamente dice Caballero Bonald, no considero que sea bueno dejar ese tiempo estéril. Que ese tiempo que nos habita mientras nosotros lo habitamos, sea un tiempo enriquecedor humana y culturalmente. No esperar, como nos avisa Gil de Biedma “a que haya pasado el tiempo y la verdad desagradable asome:
que envejecer y morir / es el único argumento de la obra”.

Hay tantas definiciones de la poesía como poetas son, o han sido: Juan Gelman la define “como un árbol sin hojas pero que da sombra”. Maiakoski dice: “la poesía-toda- es un viaje a lo desconocido”. Y Machado añade “el alma del poeta se orienta hacia el misterio”. Pues bien, si se de eso se trata, de un viaje hacia el misterio y hacia lo desconocido, este viajero parte de la premisa que el mayor desconocido y el mayor misterio, es él mismo. Y con el único bagaje del miedo, la duda, el escepticismo y, pese a todo, algún rebelde residuo de esperanza, emprende una peregrinación interior, un viaje espiral en busca de si mismo.

En la antigua Grecia, en el templo de Delfos, había una piedra grabada llamada “omphalos”, que trataba de representar el centro del ser humano, pero al mismo tiempo el centro del mundo. Una correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos, es decir, el hombre. De tal manera que todo lo que está en uno, está en relación directa con lo que está en el otro”. La frase de marras era: “conócete a ti mismo. En el siglo X, el médico y filósofo persa, Avicena, la aclaró de este modo: "Tú te crees una nada, y sin embargo el mundo reside en ti".

Alguna vez, alguno de los escasos críticos que se ha ocupado de mí, han dicho, no sé si como mérito o reproche, que si algún marbete se puede poner a mi poesía es el de “poesía existencial de la angustia del yo”. Esto, que pudiera interpretarse como narcisismo, como egocentrismo, no es sino un mecanismo de búsqueda a través del yo, de todo lo que me atañe, de todo lo que me puede influir y sobre lo que yo pueda influir: ir del microcosmos que pueda haber en mí, al macrocosmos que me rodea. Lo expresa muy bien muy bien la prologuista, Teresa Palazzo Conti. Ella dice: “Combinar la mirada interior con la realidad exterior; la aventura de la existencia humana tendida entre el yo y el nosotros”.

Sin concesiones y a veces con crueldad, el viajero escudriña los rincones de su vida para averiguar cuánto hay de auténtica vida. Lo que se plantea no es saber si hay vida después de la muerte, que eso el viajero cree tenerlo bastante claro y totalmente asumido; de lo que se trata es de exprimir la vida que haya antes de la muerte. Aún a pesar de cuestionarse a veces con Miguel Hernández: “tanto penar para morirse uno”, tanto viajar para no ir a ningún sitio…

Pero tal vez lo importante del viaje no sea el destino, la posada, sino la aventura y los avatares del camino. Y por eso, para ese viaje, este viejo y cansado peregrino ha escogido el camino de la poesía.




4 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Te deseo toda la suerte del mundo y celebro que hayas tomado por ese camino, por el que además andas con mucho arte

santiago dijo...

suerte para tu libro

Jerónimo dijo...

Hermosísima y acertada presentación escrita del libro. A mi me hubiera gustado estar presente físicamente en la que hiciste. A pesar de tu amable invitación y mi propensión, pudo más el amor filial y la devoción hacia mi anciana madre y sus achaques.
Un fuerte abrazo.
Jerónimo

Jerónimo dijo...

Hermosísima y acertada presentación escrita del libro. A mi me hubiera gustado estar presente físicamente en la que hiciste. A pesar de tu amable invitación y mi propensión, pudo más el amor filial y la devoción hacia mi anciana madre y sus achaques.
Un fuerte abrazo.
Jerónimo