lunes, 26 de octubre de 2009

Al límite de lo que queda




Luego ya no estaré
o tú ya te habrás ido,
pero alguien debe quedar para encargarse
de engarzar los momentos indelebles.
No se puede perder entre tinieblas
todo lo que se ha dicho,
todo lo hecho,
lo que se ha soñado y quedó en sueños;
los angélicos dones.

Apócope del frío, el hielo entre las grietas
va desmigando la corteza de las rocas;
pero el calor del recuerdo es suficiente
para matar al hielo
y devolverle esplendores a la hierba.

No, no esperar a que mayo nos devuelva
el espejismo de los brotes nuevos;
hay que parar, desde la luz que aún queda,
el herético embestir de la tristeza.

Apoyo en tus senos la cabeza
y sigo sintiendo el tibio asilo
del rescoldo vivo de las noches tórridas.

4 comentarios:

Mamen* dijo...

Hay que parar en toda la luz que queda y leer poemas como este una y otra vez.

Maravilloso Octavio, una auténtica delicia.

Abrazos poeta.

Octavio dijo...

Mamen, eres un cielo. Sólo por conocerte estoy dispuesto a ir a presentar ese próximo libro que se acerca, en Badajoz.
Besos.

Isoba dijo...

No me he ido, sólo ha sido un alto en el camino.
Un gran saludo de Maite desde Sangre mortal.

Consuelo Souto (Alba Clara) dijo...

Querido Octavio, me ha encantado leerte en este poema cargado de sensibilidad y sentimiento,¡¡Preciosas letras!! nos dejas para pensar en ellas y sentirlas como siempre que tu pluma se desliza bailando al son de tu corazón, un abrazo y mucha suerte con ese nuevo libro que será tan lindo como los anteriores seguro.